Apócrifo

No tienen excusa de su pecado

(San Juan 15, 9-11)

Carmelo recordaba perfectamente cuándo y cómo había comenzado su costumbre de hablar con Dios… y de que Éste le respondiera.

Fue en su primera juventud, cuando cayera en sus manos aquellos episodios del cura don Camilo y el alcalde Pepón. El sacerdote que hablaba con el Cristo del altar Mayor y el alcalde comunista de la dura postguerra italiana.
 

Hasta que rebase la medida

(Juan 15, 2-5; Juan 16, 1-4; Mateo 5, 10-12).

Lo que más miedo da cuando te estás muriendo es el silencio. La tenebrosa sordera que te domina, el movimiento sin su acompañante habitual, el ruido. Recuerdo ver, aunque no escuchar, a mi esposa trataba de detener con sus manos los chorros de sangre que salían de los agujeros en mi pecho, donde había recibido varios balazos. Me hubiera gustado oír su voz pero no me era posible.


 

La hermenéutica del pastor

(San Juan 10, 11-18)

-Lo dice el Levítico: que no duerma ni una noche contigo el jornal del obrero.

Damián, don Damián, era un cura progresista, aunque todavía creía en Dios. El problema es que ya no hablaba con Cristo, primer síntoma de la patología de la ignorancia, también conocida como agnosticismo. Y si no rezas, poco tienes que ofrecer a las ovejas de tu rebaño. Por de pronto, no puedes ofrecer el consuelo del que tú mismo careces.


 

Los fantasmas no tienen huesos

(Lucas 24, 1-48; Juan 3, 16-21; y Juan 20, 19-31)

El grupo básico de los que vosotros, hombres de la modernidad, conocéis como “las santas mujeres” eran, en realidad, dos colectivos distintos, las de Galilea y las de Jerusalén. Entre las primeras, las del norte, figuraban parientes del Maestro, sobre todo María, la madre de Santiago el menor, primo de Jesús, así como otra María, la madre de los Zebedeos, Santiago y Juan. Las jerosolimitanas, de clase social más alta, estaban capitaneadas por Juana, esposa de Cusa, un tipo importante entre los cortesanos de Herodes, así como por Salomé, otra dama noble de la capital. Y entre ambos grupos andaba María Magdalena, la más próxima a mi Señora Miriam, de la que Cristo había expulsado siete demonios. Y para no liaros más, no añadiré a Marta y María, hermanas del resucitado Lázaro.


 

Divina misericordia

La vida de Stefano Magolli siempre había estado marcada por el ambiente único de su Roma natal, donde cada piedra, cada esquina, es un recordatorio del Cristianismo o del paganismo cristianizado. Algunos también añaden que del cristianismo paganizado, pero dejemos ese capítulo.


 

Domingo de Resurrección. La era de la duda terminó

(San Juan 20, 9). (Hebreos 10, 12-14).

Al final se cumplió lo previsto en las viejas crónicas: de derrota en derrota hasta la victoria final. Tras el intento de abolición de la eucaristía, jamás logrado de forma plena y la Guerra Civil en Roma, sede de la Iglesia de Cristo, Satán obtuvo una de sus más resonantes victorias sobre el hombre. En el mundo se hizo realidad aquella profecía feroz: “Cuando vuelva el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la Tierra?”.


 

Sábado Santo. Roma en guerra civil

No existe el mal sino los malvados. Y entre los malvados los peores son, claro está, aquéllos que han perdido la esperanza: los espíritus inmundos y los condenados. Pero las fuerzas en activo también pueden hacer mucho daño.

En mi anterior crónica, os hablé de la Bestia del Mar y de su pretendido ataque final, con un objetivo claro: abolir la eucaristía, es decir, el sacrificio que hace que el mundo se mantenga en pie. Ahora debo advertiros sobre el segundo ataque, paralelo, al Cuerpo Místico de Cristo, a la Iglesia, ataque que los ángeles del Reino atribuimos a la Bestia de la Tierra, es decir, a la guerra civil que se libra en la Iglesia de Roma.


 

Viernes Santo. Prohibid la Eucaristía

Así que había que pasar al terrorismo directo.

…Satán eligió Holanda, un pequeño y rico país de Centroeuropa, que ya le había servido como laboratorio de pruebas en otros experimentos, como la eutanasia, verdadero placer del Infierno: el ser humano que reclama su propia muerte.


 

Jueves Santo. El momento de Satán

Parecía que el momento había llegado. La Cuaresma de 2012 tenía algo especial, quizás porque la humanidad, tras cuatro años de crisis económica sólo estaba pendiente de aumento del paro y de la prima de riesgo. Es el estilo de Dios: advierte de continuo acerca de lo que va a suceder y, cuando deja de avisar, es porque está a punto de ocurrir, es la señal inequívoca de que el futuro se está haciendo presente.


 

Perfume y traición

(Mateo 26, 6-16 y Marcos 14, 3-9)

Faltaban dos días para la Pascua, para la gran fiesta judía, y el ambiente se había vuelto muy pesado. Ni los espíritus conocíamos el calendario de la redención del hombre pero las alusiones de Jesús de Nazaret nos la presagiaban como inminente.

Sí, el ambiente se había vuelto muy pesado en Jerusalén. Las advertencias del Maestro eran ya demasiadas como para considerarlas una metáfora. Una y otra vez repetía que iba a Jerusalén a morir, así que la atmósfera reinante en el colegio apostólico –que ya entonces lo era, aunque los apóstoles se hubieran reído si alguien les hubiera llamado así- no era de regocijo. Y la alusión a la resurrección ulterior, bueno, digamos que no acababa de tranquilizarles.


 

Mi embrión vieron tus ojos

(Gn 9, 5-6) (Salmo 139, 15-16)

-Desengáñate: los espíritus no entendemos el aborto porque no podemos entender la muerte. La muerte afecta a los hombres y mientras están en el mundo, no a los ángeles, ni a los del Reino ni a los de Infierno –sentenció Benjamín, una de los principados a los que se había asignado la custodia de uno de los más países más antiguos de Europa, el espíritu más relevante de los cuatro allí reunidos.


 

Abba: la fuerza del padre

(Lc 2, 41-52)

Esta historia está dedicada a los padres, a todos los padres del mundo. Os conviene escucharla, particularmente a los hombres del siglo XXI, donde la figura del padre anda un poco devaluada. La figura de la madre, por contra, no está devaluada: sólo su práctica.

Unos 100 kilómetros hay que recorrer desde Nazaret a Jerusalén, pero los caminos de la época rodeaban, no horadaban, los montes, así que el recorrido real se aproximaba a los 150 kilómetros.


 

Justicia a lo divino

(Mateo 19, 28-30; Mt 20, 1-16 y Ezequiel 18, 21-28).  

De los doce apóstoles, Santiago Zebedeo, hermano mayor de Juan, era el más reflexivo del Grupo. Su madre, Salomé, era la más próxima a mi Señora Miriam.

Caía la noche en aquella aldea cercana a Jerusalén, la gran capital de los judíos. El Maestro dormía en un cobertizo exterior, lo mismo que sus discípulos, bajo el cielo estrellado de la primavera judía.


 

El último amanecer

(Mateo 25, 31-46)

Aquel amanecer me desperté, extendí mi mano hacia el teléfono móvil y sólo encontré arena pringosa. Un suceso tan extraordinario como la ausencia del teléfono móvil o incluso la presencia de un lecho de arena al pie de mi cama debería haberme hecho reflexionar, pues soy tan esclavo de la rutina como cualquier otro. La oscuridad resultaba opresiva. Busqué a tientas el interruptor de la luz pero sólo palpé aire.


 

El Dios ateo

(Mateo 27, 46  y Marcos 15, 34 Salmos 22, 2).

-Para mí, esta es la prueba terminante de que Jesucristo no era Dios. Él mismo lo confiesa cuando, a punto de morir, le pregunta a Dios por qué le ha abandonado.

-Desamparado, Vladimir, no abandonado.

-Viene a ser lo mismo, querido Ivan.

-No lo creo.


 

La salvación viene de los judíos

(Juan 4, 7-30).

El problema era precisamente ése: que la operación se había desarrollado sin un solo fallo. Daniel y Eleazar, los dos agentes que la habían ejecutado en pleno centro de Teherán, se conocían desde niños. El comando de fuerzas especiales del Mossad les había introducido en la República Islámica de Irán por la vía habitual y sin el menor contratiempo.
 

Allí enjugarás las lágrimas de nuestros ojos…

(Marcos 1, 21-39)

Volvemos a Cafarnaún. Es una pena que los hombres del siglo XXI no podáis contemplar otra cosa que sus ruinas. Tras Jerusalén y Nazaret, aquel pequeño puerto pesquero del Lago de Galilea, constituye el escenario más visible del paso del Dios encarnado por vuestro mundo.


 

MARTILLOS DE GOMA

(Juan 1, 35-51)

César Urbistondo llegó a la Presidencia del primer banco español por pura carambola. La bronca eterna entre las dos familias con más acciones en la entidad había llevado a un desconocido hasta la jefatura del Consejo de Administración del Banco Universal. A sus 40 años, César no había trabajado nunca en el negocio. Sencillamente, heredó un paquete de acciones y gracias a él había permanecido en el Consejo por más de 15 años. El Consejo de un banco no es mala escuela bancaria pero no forja especialistas en banca sino en vigilar el comportamiento de los bancarios.


 

El doble favor

(Marcos 2, 1-12)

-Dime Chema, ¿de qué te sirve que el cura te haya echado la bendición? ¡Ah!, ya entiendo: eso te librará del balazo de un talibán o de saltar por los aires cuando un moro suicida te reviente las tripas?

-No, Beto. Me servirá para morir en paz si un moro fanático me revienta las tripas. Además, no he ido a que me bendigan, sino a confesarme y a comulgar. No es exactamente lo mismo.


 

¡Venciste, Popieluszko!

(Juan 18, 19-24).

Mártires contemporáneos hay muchos y, como el mismo Cristo, ninguno de ellos renunció, ni a la defensa, ni a la victoria. Sólo que lo hicieron sin aplastar al enemigo. El mártir no desea morir y no tiene vocación de víctima sino de vencedor. Por eso se defiende de sus verdugos, pero no golpea. Esta es la clave.
 

¡Venciste, Popieluszko!

(Juan 18, 19-24).

Mártires contemporáneos hay muchos y, como el mismo Cristo, ninguno de ellos renunció, ni a la defensa, ni a la victoria. Sólo que lo hicieron sin aplastar al enemigo. El mártir no desea morir y no tiene vocación de víctima sino de vencedor. Por eso se defiende de sus verdugos, pero no golpea. Esta es la clave.
 

¡Venciste, Popieluszko!

(Jn 18, 19-24).

Mártires contemporáneos hay muchos y, como el mismo Cristo, ninguno de ellos renunció, ni a la defensa, ni a la victoria. Sólo que lo hicieron sin aplastar al enemigo. El mártir no desea morir y no tiene vocación de víctima sino de vencedor. Por eso se defiende de sus verdugos pero no golpea. Esta es la clave.
 

Las prostitutas os precederán en el Reino de los Cielos

(Mateo 21, 28-32)

Enrique Guzmán y Cabeza de Vaca era, como todo burgués español nacido en los años sesenta del pasado siglo, un catecúmeno mal instruido en el catecismo durante su niñez y el perfecto pagano a lo largo de su vida adulta. Procedía de una acomodada familia en la escasamente acomodada Andalucía sureña.


 

La historia de Pilecki

(Marcos 1, 7-11).

(Lucas 3, 1-21).

He recibido permiso para narrar la historia de un hombre del que fui nombrado ángel tutelar. Sí, los ángeles vivimos fuera del tiempo. Por tanto, cada custodio puede tener varios custodiados a lo largo de la historia.

Al protagonista de nuestra historia le considero el prototipo de hombre del siglo XX. En su peripecia se condensa lo mejor y lo peor de aquella centuria: el martirio y el homicidio, un tiempo similar al que hizo exclamar a Isaías: “Si rompieses los cielos y descendieses”. 



 

El rey que sirvió

(Mateo 2, 1-13)

Su Majestad, Juan Carlos I, Rey de España, se había retirado pronto aquella noche. Había tenido un día ajetreado y llevaba unas Navidades que sólo deseaba terminaran pronto. Eso le proporcionaba una especie de fatiga, tensión y enervamiento permanentes. Es decir, que Su Majestad estaba permanentemente cabreado.


 

Milagro navideño en Cauca

(Lc 2, 1-7)

Cuando el Obispo de Segovia le destinó al pueblo de Coca -2.000 almas- don Efrén lo consideró una especie de castigo. A su edad… Cuando llevaba tres meses en el pueblo se convenció de que, para él, en efecto, era un castigo y cuando cumplió los cinco años comprobó que se trataba de condena perpetua.
Todos los santos días, el nuevo cura-párroco pasaba ante el portón del impresionante castillo de la población, atracción turística además de escuela-internado de capacitación forestal. Luego cruzaba delante de la no muy grande estatua de Teodosio I el Grande, emperador de Roma, hijo preclaro de la villa que los romanos llamaron Cauca y con los castellanos dio en Coca.

 



 

Cuando el espíritu se postró ante la materia

“He aquí la esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra”.
Uno de los inconvenientes de ser un espíritu es que la privacidad no existe. El otro, ya os lo he explicado, es que no dormimos nunca: ¡Cuánto os envidiamos a los hombres el don del sueño!


 

Sabed que es inminente, que está a las puertas

(Mateo 24, 32-33; Mateo 25, 13; Lucas 21, 28)

Vigilad, pues, porque no sabéis el día ni la hora”. Más que levantarse Pierre se incorporó de un brinco. Regresó del mundo de la inconsciencia cuando faltaban tan sólo cinco minutos para que sonara el despertador.

Los sueños resultan inaprensibles aún cuando son tan reales como la existencia que se inicia tras el despertar. Pierre estaba convencido de no haber leído aquella exhortación a la vigilancia permanente en ninguna lapida de cementerio, quizás porque no recordaba cuándo había pisado un camposanto por última vez. No son lugares a los que uno deba acudir por gusto.


 

Aunque ella se olvidara yo no te olvidaré

(Isaías 49, 14-15)

Esta es una historia como tantas otras. La de una muchacha alemana de nombre Eva, que, como tantas otras, en cualquier rincón del mundo, navegaba entre la adolescencia y la juventud, naturalmente con el único rumbo de ser apreciada y estimada, con el objetivo de ser “la más popular” de su entorno.


 

Negociad mientras vuelvo

(Lucas 19, 11-28)

¿Por qué no pusiste mi dinero en el banco? Así, a la vuelta, yo lo habría cobrado, junto a los intereses”.

Al banquero más famoso de España, don Emilio Botín, le encantaban estas palabras y la parábola evangélica en la que se incluían. No las había descubierto hacía mucho y, como era más amigo de reuniones que de libros, ordenó a su secretaria, Paulita, que se la leyera en voz alta. Ésta ni se inmutó: había sido requerida para labores mucho más extrañas que aquélla tras décadas de trabajo.
 

¡Qué difícil es que un periodista entre el Reino de los Cielos!

(Mateo 24, 1-48)

-Jesús, no sé qué pensar.

-¿Sobre qué?

-Sobre el fin del mundo.

-Pues no pienses en ello.

-¿Y todas las revelaciones experimentadas y narradas por gentes bien sensatas?

-No te preocupes, Cristina. Está científicamente demostrado: las experiencias místicas no perjudican a la salud.


 

Al César lo que es del César

(Mateo 22, 1-21)

Jacinto Mendoza era un veterano político del Partido Popular. Con Aznar en la Presidencia había sido ministro en una cartera relevante aunque sin brillo. La llegada de Zapatero le recluyó en el Congreso y se convirtió en uno de los hombres de confianza de Mariano Rajoy. Jacinto era conocido como activista católico, una etiqueta no muy bien vista en el PP. A fin de cuentas, los cristianos resultan raros y un punto molestos en la política español del siglo XXI. En cualquier caso, Mendoza era un rostro archiconocido en toda España.


 

La gran elección

(Lucas 6, 12-16 y 12, 49-53)

Un observador ecuánime, suponiendo que exista tal cosa en el mundo de los hombres, hubiese concluido que la jornada había sido intensa. No todos los días le condenan a uno a convertirse en pontífice de la Iglesia Católica de por vida. A las 10,00 de la noche ‘pi-em’, hora local romana, el nuevo Papa estaba ante el sagrario, en aquella capilla en la que nunca había entrado, ubicada en unos aposentos papales, que sólo conocía parcialmente por aquellas visitas ‘ad limina’… y sólo había hecho una


 

Vuestra casa se va a quedar desierta

(Lucas 13, 31-45).

Esta es la historia de Uriel Schutz, ministro de Educación de Israel, un judío eslavo recluido en el campo de concentración nazi de Auschwitz, donde conoció a la filosofía, alemana y judía, Edith Stein, aunque ella estuvo en aquella maqueta del infierno muy poco tiempo, mientras que Uriel permaneció varios años.
 

Quien quiera ser grande entre vosotros sea vuestro servidor (y II)

(Mc 10, 32-45 y Mt 22, 15-21)

En Jerusalén se hacían coplas con la invitación que el rico Bartimeo había formulado, para cenar en su casa, al prefecto de toda la Siria, general tribuno Marco Cornelio Agripa, representante de Roma para toda la provincia imperial que se extendía desde el Este del Mediterráneo. Un pagano iba a hollar con sus impuras plantas el hogar de una de las más rancias familias judías: ¡Qué escándalo! Y todo porque el tal Agripa había salvado a Bartimeo de morir en la cruz y a su madre, la viuda Isabel, de la cadena perpetua.
 

Quien quiera ser grande entre vosotros sea vuestro servidor (I)

(Mc 10, 32-45).

El general y tribuno romano Marco Cornelio Agripa, nuevo gobernador de Jerusalén caminaba al frente de su cohorte por las empinadas calles de Jerusalén, camino de la fortaleza romana. Es decir, hacia una de las sedes de su nuevo cargo, con el que había sido castigado por un emperador celoso de la fama que había adquirido en el campo de batalla.
 

Pues anda, haz tú lo mismo

Lucas 10, 25-37

Zacarías no era un personaje cualquiera en Jerusalén ni un tipo fácil de impresionar. Pero comprendió que había perdido la batalla que había librado sin necesidad alguna. Sólo que lo comprendió tarde.

No era un escriba pero conocía las escrituras mejor que la mayoría de ellos. No le gustaban los fariseos, por vulgares. En opinión de Zacarías, no entendían nada y, encima, tenían el muy visible vicio de pasarse el día entero juzgando a los demás. En consecuencia, su nivel más alto de pensamiento consistía en dar la pelmada con el apagado de velas desde el crepúsculo del viernes o el lavatorio de manos. Aquellos gañanes barbudos confundían pureza e higiene.


 

Este es el juicio

(Juan 3, 18-21): El que cree en Él no es juzgado, pero quien no cree ya está juzgado, porque no cree en el nombre del Hijo Unigénito de Dios. Éste es el juicio: que vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, ya que sus obras eran malas. Pues todo el que obra mal odia la luz y no viene a la luz para que sus obras no sean reprobadas. Pero el que obra según la verdad viene a la luz, para que sus obras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios.

-No seas ingenuo, Adolfo. No te engañes a ti mismo: Cristo ha fracasado, el mundo le ignora. Peor aún, le desprecia: ni le preocupa ni le ocupa. Indiferencia.

-¿Tú crees, Israel? Es cierto que el mundo les desprecia pero yo diría que Cristo no fracasa nunca. Es el hombre quien se derrumba cuando le ignora, porque no es Dios quien necesita del hombre sino al revés.


 

A Él sólo darás culto

(Mateo 4, 1-11) Los ángeles somos espíritus. No tenemos ojos para ver pero lo vemos todo. Mejor dicho, lo vemos todo pero no miramos nada. Lo más parecido que vosotros tenéis a nuestra forma de conocer son los sentimientos. Nuestra voluntad equivale a vuestro corazón y, además, se identifica con la recta razón.


 

Morir o matar

El bueno de Simón Pedro se había liado a bofetadas con el siervo de una importante familia sacerdotal jerosolimitana, de cuyo nombre no quiero acordarme. El galileo era valiente pero aquella vez no había salido victorioso. Nada más comenzar la refriega uno de aquellos gañanes había conseguido derribarle, se golpeó en la clavícula y ya no pudo incorporarse. A partir de ahí, aquel pío sirviente le había molido la espalda a patadas y, para rematar la faena, le había pisado la cabeza.   


 

Árboles que andan

(Mc, 8, 22-26). Betsaida –ciudad de pesca- era un pueblo miserable donde se sembraba la buena nueva y se segaban estafadores, donde se hacen milagros y se cosechan incrédulos. Sus vecinos de Corozaín aseguraban que hasta los peces del lago de Genesaret desconfiaban de los betsedinos. Digo “era” por concesión a vosotros, los hombres, porque para nosotros, los espíritus, lo más correcto sería hablar en presente, decir “es”. A fin de cuentas, en el siglo XXI, la desaparecida Betsaida resulta para mí tan real como para vosotros Nueva York. Ya sabéis, querida raza, ventajas de no vivir atrapado en el tiempo.


 

Una espada traspasará tu alma

(Lc 2, 22-38).

Mi señora Miriam entró en el atrio del Templo de Jerusalén, aquel enorme atrio de los gentiles que después de todo, no era un atrio, sino cuatro, los cuatro espacios que rodeaban las cuatro fachadas del templo. A su lado caminaba su esposo José y en sus brazos llevaba a su hijo, un bebé de edad respetable, un mes y medio, más que suficiente para exhibir una mirada indagadora, capaz de poner al descubierto la intimidad del más celoso y todo ello sin dejar de sonreír a diestro y siniestro. De hecho, aquella bolita no hacía otra cosa.


 

Cuestión de confianza… Señor Santiago

(Mc 6, 7-13)

-Tengo revuelto el estómago, hermanísimo.

-Yo también, hermanito.

-Y siento como mareos, algo parecido a cuando como demasiado, justo antes de salir con padre a pescar.
 

El poder de los sueños

(Mt 1, 1-25)

-¡No has perdido el tiempo, amigo!

José pertenecía a ese tipo de jóvenes de los que el vulgo asegura que carecen de reflejos cuando lo que ocurre es que no tienen prisa por tener razón. Créanme: este tipo de ejemplares no abunda pero existir, existen. Jóvenes, y viejos, extraños que prefieren concluir a vencer.


 

Una sola carne

(Marcos, 10, 1-12). En Filadelfia, lo que los europeos de hoy conocéis como Ammán, todo el mundo la conocía, especialmente algunos. El principio primero de la filosofía de vida de Esther consistía en una firme convicción: todos los hombres son idiotas; por idiotas, engreídos; por engreídos, fácilmente manejables, como plastilina en las inteligentes y capaces manos femeninas, porque, en su concepción de la raza humana, hasta la mujer más tonta resultaba, por comparación, más capaz y más inteligente que el varón.
 

Una sola carne

(Marcos, 10, 1-12). En Filadelfia, lo que los europeos de hoy conocéis como Ammán, todo el mundo la conocía, especialmente algunos.
 

No puede volver quien nunca se ha marchado

(Jn 6, 48-70 y 1 Cor 11, 23-29). Sabido es que uno de los grandes fracasos de Jesús de Nazaret durante su predicación de la buena nueva ocurrió cuando así, sin anestesia, animó a la multitud que le seguía a comer su carne y beber su sangre. Pensaron que se trataba de masticar su cuerpo y libar sus fluidos y, a pesar de que todos esperábamos una aclaración, el Maestro no tenía intención de explicarse.
 

La ira santa

(Mt 12, 21-37). Gamaliel era todo un experto en el sutil arte del debate público. Nos encontrábamos ante un sujeto que no hablaba para pensar ni dialogaba para concluir, sino con el único anhelo de laminar al adversario.


 

Pentecostés. La cuenta atrás

(Hechos 2, 1-44). La víspera de Pentecostés, Simón Pedro regresó a Jerusalén. Había aprovechado bien los 10 días trascurridos desde la Ascensión para poner en orden sus cosas en Galilea. Se despidió de los suyos, vendió todas sus pertenencias, sabedor de que ya no las necesitaría más y regresó a Jerusalén, al Cenáculo, aquella casona propiedad de la familia de Juan Marcos, convertida en Estado mayor de la naciente Iglesia, para encontrarse con mi Señora Miriam.
 

Yo estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo

(Hechos 1, 9-26; Marcos 16, 15-20)
-¿Es ahora cuando vas a restablecer el Reino de Israel?
 

EL ESTILO DE DIOS: ¿POR QUÉ A MÍ?

(Juan 14, 15-26). El nombre de Judas, por razones de las que no quiero acordarme, tiene mala prensa entre los humanos. Y, sin embargo, es un patronímico con un origen espléndido: “Alabanzas sean dadas a Dios”.


 

Enjugará las lágrimas de sus ojos

José Manuel nunca supo quién era su padre, lo cual le resultaba ligeramente molesto. Y, naturalmente, su padre jamás preguntó por él. Podía ser cualquiera de los que se topaba por la calle, aquellos seres a los que resultaba indiferente.


 

Dentelladas contra el Buen Pastor

(Juan 10, 1-42). El bueno de don Julián había instalado su confesionario en la mitad izquierda del templo, junto a la salida. Buena salvaguarda para la intimidad del penitente, tanto de ojos como de oídos extraños, al tiempo que le permitía contemplar el Sagrario y charlar con su habitante. Quizás exageraba en las precauciones: a fin de cuentas, apenas contaba con penitentes, pero el segundo objetivo no era menos importante.


 

Diez palabras para cambiar el mundo

(Jn 21, 1-19). Por fin, los apóstoles hicieron caso de mi Señora Miriam. Ahora sabían que resultaba arriesgado no seguir sus consejos. En una semana, el Señor Jesús se les había aparecido dos veces a los apóstoles, la primera sin Tomás, el Mellizo, la segunda con él. La regañina que le sacudió a éste por incrédulo fue aprovechada por el Maestro para marcar la relación entre Dios y los hombres: confianza en el Creador para creer en lo que no se ve. Como dijo el poeta, “es más cierta la fe que la certeza”.


 

Testigos pasmados, testigos dormidos

-Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.

Para quien no esté acostumbrado a ver un cuerpo glorioso, liberado de las ataduras del espacio y el tiempo, es decir, tal y como son en el Reino y tal como serán tras el Juicio de las Naciones, el espectáculo puede herir su sensibilidad.


 

Domingo de Resurrección. Donde el espacio termina

Era natural de Magdala, gente no muy bien vista en Jerusalén para quien si todos galileos eran primitivos, los de la Decápolis del lago de Genesaret batían todas las marcas de vulgaridad y, puestos a concretar, los de Magdala eran considerados los campeones mundiales de la salvajada.


 

Sábado Santo. Primer aviso

-Rabbí, Sabemos que has venido como maestro de parte de Dios, pues nadie puede hacer los prodigios que tú haces si Dios no está con él –aseguró Nicodemo, aquel judío influyente en Jerusalén, miembro del Sanedrín, quien había acudido a entrevistarse con el Maestro Señor en una noche cerrada, embozado en una túnica y acompañado por un criado amante de la mudez. No todos conocían el lugar donde pernoctaba el maestro cuando venía a Jerusalén por lo que se dejaba ver que se trataba de un notable bien informado.


 

Viernes Santo. La lógica de Dios

Por lo que respecta a los hijos de Adán, en el Reino hay tres columnas: Pedro, Santiago y Juan. Todos los hombres y mujeres que habitaron y habitan el mundo encajan en una de esas tres categorías. Sois petrinos, jacobinos o juanistas.


 

Jueves Santo. Dos espadas bastan

Nos encontrábamos en Betania, no en casa de Lázaro, a quien el Maestro había aconsejado que se marchara con sus hermanas Marta y María. Todos sabían en Jerusalén que Jesús de Nazaret había resucitado al famoso Lázaro, lo cual molestaba mucho al poder, porque se trataba de una evidencia comprobable.